El diario de una Bipolar Episodio #1.

Hace días no escribía en mi blog debido a que estaba en una transición fuerte en mi vida, los episodios depresivos y bipolares a veces son muy fuertes y esto nos hace estar mal de ánimo y no querer absolutamente nada, debo confesar que trato de buscar salidas a mis conflictos, pero a veces no están fácil y prefiero ser como las tortugas y esconderme en mi caparazón.

Cuando decidí asumir este reto de contarle mis conflictos al mundo, me prometí a mí misma escribirles cuando ya estuviera más animada , mi objetivo no es mentirles, mi objetivo es poder trasmitirles mis episodios de una manera más positiva que negativa y conectarlos un poco con la realidad de estos trastornos desde lo positivo, lo que más me importa es llenarlos de buena energía así mi mente a veces me diga que no, y para eso es este espacio, para que usted lector siga mi historia y se llene de valor de asumir su vida así todo este patas arriba, por eso quiero darles mi 100% .

Quiero contarles que hace dos meses decidí con mi psiquiatra dejar el medicamento, tengo que confesar que esto no ha sido nada fácil, pero esta decisión se tomó debido a que mi organismo rechazo los medicamentos, y aunque estos lograron calmar mi mente, mi cuerpo estaba fatal, y no quería seguir así, ya que de nada me servía tener la mente quieta y el cuerpo hecho pedazos, por eso bajo supervisión médica hemos llevado mis trastornos de formo natural. Tomar esta decisión no fue fácil porque la mente se acostumbra a ellos y claramente al dejarlos abruptamente puede ser peligroso, por eso nunca hagan esto sin la autorización de su médico, la vida de ustedes puede estar en riesgo si lo hacen así.

Esta decisión también se tomó porque quiero demostrarme a mí misma que si puedo controlar estos episodios, es por eso que con la ayuda de mi médico tomamos el riesgo de revisar cómo podía estar sin ellos, después de un año de tratamiento y de probar 4 medicamentos puedo decir que al día de hoy mi mente está estable, y es por eso que quiero decirles hoy que si se puede.

No siendo más quiero comenzar este primer episodio contándoles un poco de mi trastorno y así ustedes como lectores puedan conocer un poco más de mí.

Desde que era muy niña siempre me vi diferente a los demás, fui de pocas amigas y siempre fui rechazada por mucha gente, nunca entendí porque pasaba eso conmigo, me dolía que la gente me viera como el bicho raro, era tanto mi sufrimiento que por ello nunca supe aceptarme y es allí donde comienza mi historia.

Durante muchos años siempre quise ser aceptada, y para ello buscaba mil personalidades, pasé por tantas que a la final no sabía con cual quedarme, tras años de búsqueda y de pasar por muchas crisis existenciales descubrí que era eso que me pasaba y es así como me doy cuenta que mi problema era llamado TAB ( trastorno bipolar afectivo) , realmente esto para mí no fue sorpresa debido a que siempre sentí que algo no andaba bien conmigo, fueron muchos años con ALTOS Y BAJOS, no se alcanzan a imaginar lo mucho que sufrí todos estos años debido a que buscaba ayuda donde no debía y en vez de solucionar mi problema sentía que me hundía mas.

Como lo decía anteriormente desde muy chiquita me sentí diferente a los demás niños; no me gustaba mucho relacionarme con ellos y me agobiaba estar con ellos, no toleraba los gritos, los juegos y siempre me gustaba más estar con los mayores, ya que parecía que me proporcionaban más tranquilidad. Por otro lado, disfrutaba estando sola al salir del colegio. El inventar manualidades, crear historias, imaginar, leer, escribir o jugar a ser mayor, me proporcionaba una extraña especie de refugio mental y me devolvía la calma.

Estuve descolocada durante muchos años sin saber qué me ocurría, ya que no comprendía por qué me agobiaba tanto el estar rodeada de gente durante mucho tiempo.

Con las personas el asunto también se complicaba. Siempre había sido súper empática (incluso en exceso), sentía a veces hasta más dolor que los mismos conocidos que me contaban su problema o molestias. Disponía de un contagio emocional bastante grande, hasta el punto de sentir o recrear las sensaciones que creía percibir en los demás. También estaba pendiente de cualquier necesidad que surgiera; con frecuencia me prestaba la primera para colaborar, organizar y para ayudar, hasta sin mesura, y acababa finalmente cuidando más del resto que a mí misma.

Con las relaciones de pareja me entregaba también al 200% y esto ocasionaba agobio a la otra persona, o quizá hasta ya falta de interés al verme siempre tan pendiente. Sólo quería que me aceptaran y me quisieran, y de esta forma, sólo conseguía lo contrario. Sentía todas las discusiones como punzadas en el alma; las rupturas eran catastróficas y salía de las relaciones destrozada, ya que me costaba horrores parar a las personas, y sobre todo me costaba un mundo decir que NO y por ello estas relaciones siempre acababan mal.

En el trabajo, las cosas también iban mal. Por un lado, siempre tuve buenos cargos en las empresas por las que he pasado, pero terminé dejándolas a causa del estrés y la ansiedad que me creaban. No soportaba estar rodeada de gente tantas horas al día, con una intensidad de trabajo tan grande y llena de tantísimos elementos y estímulos de forma simultánea. No podía parar de pensar en mil cosas a la vez, y esto terminaba saturándome física y mentalmente, ocasionándome estar siempre triste y amargada y no disfrutar de las cosas que tenía, ya que a pesar de que ganaba bien, nunca me sentí feliz y esto ocasiono un gran vacío en mi vida, ya que no me SENTIA VIVA.

Por otro lado, el miedo a salir de la zona de confort era horrible, tanto que no tenía valor, para atreverme a salir de los calvarios en que vivía, tanto en casa como en la oficina, ocasionando de esta manera vivir una vida simple y sin gracia.

Mis compañeros, amigos y familia siempre me dijeron que yo era “intensa”, que sentía todo “a tope”, desde reírme, emocionarme, enfadarme, entristecerme, sentirme decepcionada, etc…, y no comprendía el porqué. Pero gracias a todo esto que he vivido, me he dado cuenta que me había acostumbrado a malvivir así, y realmente era porque en el fondo me odiaba. Odiaba lo que me ocurría y odiaba cómo era YO.

Después de descubrir mi trastorno, puedo decirles que por fin me siento bien ya que he comenzado a sentirme comprendida, identificada, y menos sola. Todo lo que leía era como un calco de las situaciones que había estado viviendo durante más de 30 años, y es precisamente en este punto de mi vida en el que comprendí, que yo no tenía una maldición que me hacía ser diferente, sino que tenía un TRASTORNO el cual debía aprovechar en vez de tirarlo a la basura y morirme de tristeza por tenerlo.

Es por eso que, a hoy, puedo decirles que he conseguido poco a poco deshacerme de todo el nudo mental que se había formado durante tantos años, ya que gracias a ello he podido comprender la intensidad de todo lo vivido.  Hoy puedo decir que todo en mi vida está más iluminado y que mi forma de ser y mi existencia recuperaron el sentido. A día de hoy, sigo descubriendo nuevas cosas sobre mí. Ahora me enamoro de ellas, porque me comprendo, y entiendo por qué actúo de determinada manera.

Por fin he dejado de luchar contra lo que yo soy, y eso me está devolviendo toda la vida que perdí durante estos años atrás de incomprensión, angustias, emociones tóxicas y miedos.

Quizá la clave no sea perder nuestros sentidos o renunciar a ellos, quizá la llave esté en:

 “ENAMORARNOS DE NOSOTROS MISMOS”

 

 

 

 

 

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